O, por lo menos no lo esencial. Y si nos seguimos quedando en la superficie, en lo meramente estético o superfluo, todo esto habrá servido de bien poco.
A mi, también me jode que los políticos de turno, según la mayor o menor simpatía que le profese a cada cual, la cague en estos momentos. Me fastidia sobremanera que, una vez más, quien salga perdiendo más, sean (seamos) los más desfavorecidos.
Y me recontrajode perder mi trabajo de los últimos años por las consecuencias del coronavirus...
Pero más que todo eso, me JODE que los desfavorecidos, no seamos capaces de pararnos a pensar. Que lo primero que hagamos sea echarle la culpa a “los malos”. Cada uno a los suyos, cada uno a nuestros malos... porque para gustos, los colores.
En cambio no nos cuestionamos que está fallando en el modelo.
Un ejemplo:
Ahora mismo, se aplaude a los “deportistas de élite” que, cobrando contratos supermillonarios donan parte de sus ingresos para sanidad, y se critica a quien no lo hace. Pero, convenientemente adormecidos por las técnicas comunicativas de los medios de comunicación “especializados”, nadie cuestiona que, con los emolumentos del 10% de esa élite privilegiada, seguramente el 100% de las escuelas deportivas, clubs y entidades de formación podrían ejercer su actividad con plenas garantías.
Se recurre, como siempre, a razones de mercado para justificar. “Lo que vende” que dicen algunos... Otros, lo justifican con que la vida de un deportista es muy corta. ¿Cómo dices? Corto es el plazo que tiene cualquier chica que termina la carrera, encuentra un contrato de dos días, y “el mercado” le dice que se forme en otra cosa. Corto es el tiempo que tiene un parado para encontrar soluciones antes de que lo echen de casa a el y a su familia...
Que un joven de 35 o 40 años deba cambiar de trabajo (deporte profesional de élite a otra cosa)no es tener una vida laboral corta. Pero a mi Messi, mi Pau Gasol, mi Rafa Nadal o mi Fernando Alonso, que no me los toque nadie. Y cuidado que no estoy metiendome con ninguno de ellos. Me meto con nosotros, que validamos un sistema en el que idolatramos y odiamos a esos referentes, como a los políticos, empresarios o sindicalistas, en función de si son “nuestros buenos” o no.
Sin cuestionar que el sistema provoca supermillonarios y refugiados a la vez. Ecologistas y negacionistas al mismo tiempo... y nosotros aplaudimos a “nuestros buenos” y ponemos a parir a “nuestros malos”.
Y ni siquiera cuando la Tierra, o el Universo nos obliga a parar, tenemos ganas de ponernos... Pues nada, sigamos peleando y alimentando odios y guerras. Al final tan importante será el mundo que dejemos a nuestros hijos, como los hijos que dejemos en el mundo. Y si nosotros no lo hacemos, tendrán inevitablemente que ser ellos (mundo+generaciones venideras) los que encuentren la manera de formalizar un nuevo pacto de convivencia. Un nuevo sistema. Mientras llega, yo seguiré siendo antisistema.
Besos